"Planta un árbol y cuida de él mientras crece"


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19 de octubre de 2007

Los empujavidas. Parte 3


Desde el centro tengo que caminar ocho cuadras hasta Getzemaní. Este es un barrio donde vive la clase trabajadora. En él esta la casa donde estoy alojado invitado por Rubén, un “paisa” (así le dicen a los nacidos en Medellín, Antioquia) que tiene una hija viviendo en Argentina. Los paisa son muy serviciales, de buen humor, abiertos, cordiales a pesar que Medellín esta catalogada históricamente como una de las ciudades mas violentas de Colombia y de Sudamérica.

Mi casa es un estacionamiento (parqueadero en términos colombianos). La entrada es angosta y larga. A los costados tiene un techo donde se estacionan los autos. Al fondo está mi habitación. Tiene unos 3 metros de ancho por 5 mts de largo. A la izquierda hay una gran cama y a la derecha un escritorio. Al fondo tiene un baño chiquito, con un gran barril de 200 lts que cada semana se llena con agua de una manguera. Para bañarme uso el método “agua venteaaaa”. Consiste en tomar en mis manos una jarra, llenarla con el agua que hay en el barril, levantarla e ir tirándomela en la cabeza. Esta acción la tengo que repetir varias veces antes de enjabonarme.

Son las ocho de la noche en el parqueadero. Me voy a dar una vuelta. Camino unos metros y llego al negocio de la esquina. Una Botillería. Venden gaseosas, jugos, aguardiente y de todo para beber. Pido una cerveza Águila. Pago 1200 pesos. Me la empiezo a tomar apoyando el hombro contra la puerta. Sigilosamente se me acerca un moreno alto y en voz baja me ofrece drogas de todo tipo y color. Delante mío aparece un muchacho cojeando, su pierna es solo piel y hueso con grandes cicatrices producto de la diabetes. Me pide una limosna.

Del negocio camino por La Magdalena hacia la calle 30. Voy por la vereda de medio metro de ancho pero mi paso se interrumpe por un borracho durmiendo. La calle también es angosta y muchos de los carritos ambulantes transportados por sus dueños entorpecen la circulación vehicular. Todas las casa tienen rejas y sus fachadas están despintadas. El olor es muy feo. La gente tira desechos a la calle sin preocupación. Doblando la esquina paso los “show bar” a música todo volumen con chicas en minifaldas esperando a sus clientes extranjeros.

Sigo caminando y a media cuadra de mi casa me encuentro con el carrito que vende panchos. La señora que lo atiende debe pesar unos 120 kg. Es la gorda mas simpática que conozco. Por dos mil quinientos pesos le pido un super Hot Dog con papas y mayonesa. Doy el primer mordisco, me siento en una silla, tomo un trago de cerveza y sigo pensando en todas las vivencias acumuladas. Puedo recordar la ruta exacta de los 17610 kilómetros recorridos entre Coronel Suárez-Argentina y Cartagena-Colombia. Ahora puedo interpretar mejor como se genera la pobreza.

1 comentario:

Machins dijo...

Hola! Llegué a tu blog por una recomendación que alguien dejó en el foro psicofxp...
Te mando un abrazo grande, yo tengo un Renault 4 modelo 81, soy de Paraná, Entre Ríos, y me parece alucinante lo que estás haciendo!!!
Muchísima suerte!!!