"Planta un árbol y cuida de él mientras crece"


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10 de octubre de 2007

"Los empujavidas". El inicio.


En Cartagena, Colombia mucha gente vive del comercio ambulante. Todos los días de la semana empujan su carrito desde los parqueaderos hasta las veredas en donde lo estacionan esperando iniciar un nuevo día de ventas. Muchos deambulan por las calles pero la mayoría tiene clientes fijos. Los países cambian. Las realidades se repiten.


Su verdadero nombre es Franklyn aunque ni él mismo se da vuelta cuando alguien lo pronuncia. Todos le dicen “Huesos”. De rasgos orientales, pelo corto, fino bigote, largos brazos y flaco como la pantera rosa. Su sobrenombre describe a la perfección su contextura física. Luce una camisa muy parecida a un pijama que yo usaba cuando tenía doce años. Su sonrisa es prolija, aunque a veces, si es prolongada se puede ver la falta de una muela en el extremo superior derecho de su dentadura.

- Soy el mayor de 29 hermanos. Mi papa con mi mama tuvo 7 hijos, con su segunda mujer 9 y con la tercera 13. No tuve posibilidades de estudiar. No se leer ni escribir pero los números los manejo muy bien, me dice Huesos mientras acomoda su carrito para empezar un nuevo día de trabajo. Son las 7 AM en Cartagena, Colombia.

Su pequeña empresa está compuesta por un cajón de madera de 70 cm de alto por 1,5 mts de largo todo pintado de verde. Sobre la parte inferior tiene dos ejes con un par de rueditas cada uno. Son una reproducción en miniatura de las ruedas de un tren. En uno de sus extremos tiene soldado dos caños verticales unidos por uno horizontal. Sobre él apoya sus manos, inclina 45 grados su cuerpo y empuja. Siempre el carrito está delante de su humanidad. Dentro de este gran “cofre” alberga todo su capital. Destornilladores, serruchos, clavos, artículos de grifería, tenazas, enchufes, martillos, tuercas y todo lo que uno puede encontrar en una pequeña ferretería.

- ¿Cuánto te costaron las ojotas nuevas? le pregunto.
- Cinco mil pesos. Me duran unos diez días. Se rompen rápidamente de tanto empujar. Tengo mucha mercadería.

También conozco a Gavi que vende cócteles de camarones. Juanito y sus patacones. Schumy con su kiosco..A Gabriel y sus comidas en su bici-carrito. Al de los libros. Al de jugos de mandarina. Todos venden en la calle. Empujan sus carritos, su vida para subsistir. Viven contentos, alegres y agradecidos por que día a día se ganan los granos de arroz.

En todos los países que he visitado se repite la problemática. En Bolivia son las coyas vendiendo frutas en sus carretillas. Esas mujeres hablando en quechua, con trenzas largas hasta la cintura, con sus polleras de distintos colores. También están las que venden pizzas, limonadas. En Perú son los artesanos vendiendo sus pinturas de Cuzco, de Machu Pichu y los infaltables vendedores de pan. Es común ver a estos “empujavidas” vendiendo los domingos en los alrededores de las plazas en los distintos pueblos. En Ecuador se ponen al borde de la ruta. En cada entrada a los pueblos hay lomos de burro y cuando uno baja la velocidad casi se tiran encima del capó del auto. Ofrecen bolsitas de agua, rosquillas, galletitas.

Es la primera vez que salgo de mi país por tanto tiempo. Es la primera vez que me voy tan lejos. No estoy acostumbrado a ver tanto comercio ambulante, tanta desesperación por la plata, tanta pobreza. Bienvenidos a Sudamérica.

1 comentario:

Emiliano dijo...

Como estás Ezequiel?
Seguramente te aburriría si te comento lo identificado que me puedo llegar a sentir al leer tu curiosa historia.
Y no es porque sea fanático del chavo, que si bien es algo que de chicos veíamos todos.
Por una de esas casualidades, me trajeron un diario de cartagena y una noche me lo puse a leer. Me atrae conocer de otros países, que uno a veces siente como distintos y en realidad son tan parecidos a nuestro lugar.
Tu historia es simpática, creo que hasta a quien no le interese el objetivo, que dentro de todo me parece una excusa para poder hacer algo que te marcará durante toda la vida. Casi, te diría, parece una historia de esas que aparecen en las películas.
Espero alguna vez poder irme en un autito a pasear por el mundo como lo estás haciendo vos, yo por ahora me conformo con nuestro país. Mis amigos me cargan (en el buen sentido) con eso de que me gusta viajar, cuando puedo, y eso que paso casi todo el año acá con facultad y esas cosas.

No tengo mucho más para contar, solo que espero que tu sueño se cumpla, que consigas cruzar el canal de Panamá si todavía no lo has hecho, y que te esperen más aventuras en centroamérica.

PD: Costa Rica es un lugar increíble, tuve la suerte de conocerla hace unos años.
PD2: Puse un link a tu blog en mi humilde fotolog, espero que se conozca más tu historia acá en Argentina.

Saludos
Emiliano, de Buenos Aires